¿Se acabaron los ataques a la Sanidad?

Las últimas movilizaciones masivas que vivimos en Granada, principalmente el año pasado, fueron las manifestaciones en defensa de la Sanidad Pública, la cual estaba siendo saqueada por parte de la Junta de Andalucía a través del cierre de uno de esos hospitales. Aquellos que lideraron estas movilizaciones, principalmente el conocido como «Spiriman», se lanzaron de brazos abiertos hacia el espectáculo barato, mientras las instituciones capitalistas esperaban que las movilizaciones amainasen con el fin de poder enjuiciar al principal responsable anteriormente mencionado. Al igual que el pope Gapón dirigió a las masas de obreros rusos en súplica al Zar, el pope Spiriman buscaba dirigir a las masas de trabajadores de Granada en humilde petición a la Junta de Andalucía y en última instancia al propio Gobierno (no olvidemos que la ultima ocurrencia del señor Spiriman ha sido que el Gobierno español aplique el articulo 155 de la Constitución en Andalucía). La situación desembocó en una serie de negociaciones en las que parecía que la Junta de Andalucía cedía ante las peticiones presentadas, no con pocos amagos de por medio de romper dichos acuerdos. La situación que se vivía en la sanidad granadina también se daba en otras ciudades, evidenciando que esto no era un fenómeno local en contra de los granadinos. El ataque a la Sanidad es un ataque a la clase trabajadora.

Pero la cuestión que nos debemos plantear es cuanto durará esta situación de supuesta pacificación del conflicto. La realidad que se planta ante nuestras narices es que los recortes están al orden del día y seguramente se recrudezcan. El Estado de bienestar es insostenible bajo un capitalismo que ve cada día más imposible poder mantenerse. El mismo estado de bienestar que levantó el capitalismo en un contexto de reconstrucción de posguerra, está llamado a ser sepultado por la costra parásita que supone el capitalismo. Es por ello que no nos debemos engañar y ser conscientes de que la pauperización bajo el capitalismo decadente está al orden del día, que la ofensiva contra los trabajadores es una realidad no solo por parte de la burguesía privada sino que también por parte de la burguesía estatal, miembros las dos de la misma clase social. Porque también debemos entender qué es la Sanidad. Esta es una forma de asegurarse del mantenimiento de la clase trabajadora. La fuerza de trabajo es una mercancía muy preciada y fundamental para el capitalismo, por lo que no se puede permitir que los obreros mueran en masas debido a epidemias y demás enfermedades que tanto afectaron en el pasado a la humanidad y que aún afectan en aquellos países donde el capitalismo no se ha dignado a dar esa mínima asistencia social . La cuestión es que la burguesía, acorralada por su falta de mercados, se plantea atacar incluso a los medios vitales para la supervivencia de la clase trabajadora, como es la Sanidad, la cual surge de los propios impuestos de los trabajadores

Ante esa situación debemos aprender de los errores de las movilizaciones pasadas. La clase trabajadora no se debe dejar guiar por salvadores. Los trabajadores debemos plantear nuestra propias exigencias. Allí donde la burguesía ataque, el proletariado debe unirse y presentar unas exigencias propias. En las últimas movilizaciones por la Sanidad en Granada, la clase trabajadora se lanzó a la calle decididamente, defendiendo poder ser atendidos adecuadamente en la Sanidad, acceso muy limitado alrededor del mundo, véase el ejemplo de la Sanidad estadounidense. El problema nos lo encontramos cuando las movilizaciones son encabezados por oportunistas varios o personas con afán de protagonismo, bajo unas peticiones serviles y cortoplacistas, haciendo gala del desconocimiento del mundo en el que vivimos. Dirigen sus discursos contra “los políticos”, los lacayos del Estado, como si estos fuesen una clase social independiente de la burguesía. Muchos de los que propagan este tipo de discurso incoherente y confuso, pertenecen a la propia burguesía o a la pequeña burguesía. Estos buscan salvaguardar el sistema capitalista de todo tipo de crítica feroz que resulta tan necesaria. Nosotros desde Liga Emancipación lo decimos alto y claro, solo la clase trabajadora podrá salvarse a sí misma, y a través de la edificación de su propio poder, enemigo de la burguesía.

Ante las venideras luchas y movilizaciones tenemos clara nuestra posición. Allá donde agredan los intereses de los trabajadores, más fuerte se deberá llamar a la movilización de estos contra la clase parasitaria y sus intentonas. Unidos todos los trabajadores en la calle, sin diferenciar entre sectores, trabajadores de la sanidad junto a todos sus hermanos proletarios. Reforzando los lazos de solidaridad entre todos los trabajadores, las movilizaciones se habrían planteado como una amenaza mayor que como finalmente se presentaron. La organización de los propios trabajadores de la sanidad, debe ser una organización en igualdad entre los trabajadores de la sanidad, desde el médico al enfermero y todos los empleados en la Sanidad. Es en esa condición de igualdad que deberían organizar un comité electo de delegados entre todos los trabajadores de la sanidad y que planteen una posición unidad y no dejar la «representación» de los trabajadores de la sanidad al primer aventurero que se cruce. Debe quedar claro que solo la unidad del proletariado podrá evitar futuras ofensivas de la burguesía, ya sea en Granada como en cualquier otro lugar.

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