El nacionalismo contra el proletariado

La semana pasada hemos sido testigos de la actuación de las fuerzas nacionalistas de la pequeña burguesía, que desde un discurso patriótico pretenden tapar sus verdaderos intereses, poder parasitar más desde el Estado burgués y a costa de la clase trabajadora, la cual no tiene futuro alguno bajo el manto de la política burguesa. Es por ello que desde Liga Emancipación vemos la necesidad de manifestarnos nuevamente sobre el nacionalismo, aunque nuestro rechazo a este ya ha sido expuesto reiteradamente mediante Nuevo Curso. Pero ante el nacionalismo no queda lugar para medias tintas y debemos aclarar nuestra posición.

A principios de la semana pasada, la pequeña burguesía independentista catalana volvía a las calles a presentar una actuación que evidencia el fracaso del aventurismo desorientado y la impotencia política. La pequeña burguesía radical de los CDR se lanzaba a las calles en “performance” inútil, en un nuevo día de la marmota que no sale del bucle. Se evidencia así que el radicalismo de la pequeña burguesía no da para más, solo para estrellarse antes las puertas de las instituciones a las que se subordinan. Por parte del “Govern” independentista se evidencia que la única salida a la que se agarran es rezarle a la Moreneta para que las potencias imperialistas intervengan en este que por ahora se muestra como un callejón sin salida para la pequeña burguesía nacionalista. Esta posible intervención dependería del desenvolvimiento de la geopolítica del mundo burgués y de las estrategias intervencionistas que se manifiesten. Mientras, la pequeña burguesía independentista continuará su circo, mientras la “fiesta” la paga el proletariado, viendo este como su nivel de vida desciende cada año, como sus barrios son asolados por la decadencia capitalista. Es por ello que debemos entender que la única salida del proletariado en Cataluña es su organización independiente de clase, en defensa de sus intereses y contra el nacionalismo, sea el que sea.

De teloneros de la pequeña burguesía enloquecida tenemos a toda la izquierda del capital que se dice radical e incluso comunista. Desde los herederos del stalinismo contrarrevolucionario al trotskismo traidor y todo el cuadro reformista pequeñoburgués, se ha subido al cuadro de la “autodeterminación de los pueblos” cuando sino directamente en defensa del nacionalismo catalán. Desde las posiciones marxistas más acertadas se criticó abiertamente el peligroso camino que suponía unirse a las luchas del nacionalismo. Esta reflexión provino principalmente de Rosa Luxemburgo y de parte de la izquierda de la II Internacional, en crítica a la defensa por parte del partido bolchevique de la “autodeterminación de los pueblos” que se evidenciaba como una estrategia de debilitamiento del régimen zarista en apoyo del desarrollo capitalista de territorios dominados por el Imperio ruso. El pueblo se entiende como aquellas clases sociales que no forman parte de la clase dominante, la burguesía, siendo estas la pequeña burguesía y el proletariado. Con el pueblo se presenta un sujeto político interclasista donde la clase obrera se subordina a un programa político ajeno a sus intereses de clase, como es el nacionalismo. Los errores de los bolcheviques en este campo se reflejaron en la masacre de miles de obreros por parte de la burguesía con la que formaban “pueblo”. La política marxista se debe plantear como la defensa del proletariado mundial y su lucha por la emancipación, por lo que no hay lugar para compartir las agendas y proyectos de clases sociales que mantienen como fin la explotación del hombre por el hombre.

Por un claro fetiche de políticas pasadas, la “autodeterminación de los pueblos” se ha convertido en pilar de los partidos herederos de la traición a la clase trabajadora, evidenciando una falta intencionada de perspectiva histórica de lo que ha supuesto esta consigna, estando dispuestos a animar a los trabajadores a unirse al aventurismo nacionalista, dispuesto incluso a lanzar al enfrentamiento a los trabajadores bajo banderas nacionales. Por suerte la clase trabajadora ha visto el peligro del programa del nacionalismo catalán y el de sus lacayos. Por nuestra parte el camino está claro, la defensa del internacionalismo y de la emancipación del proletariado nos alejan del nacionalismo y de ser muleta de estos.

También debemos desplazar el foco a la puesta en escena del nacionalismo español que se dio en el mitín de Vistalegre del partido Vox. Estamos ante una manifestación de la derechona españolista, que en su oposición al independentismo ha visto cierto refuerzo. El discurso ya lo hemos visto por el mundo, desde Trump a Salvini, la defensa del capital nacional bajo la supuesta “soberanía” nacional en una nueva carrera mundial en lucha por nuevos mercados y ataques hacia la clase trabajadora cuando las falsas promesas se disipan. La vuelta al programa nacionalista de la pequeña burguesía no solo se manifiesta mediante el independentismo. La relevancia de la extrema derecha por ahora es muy limitada, por muchos mítines multitudinarios que reúna, como mucho podrán lograr algunos asientos en el Parlamento Europeo desde donde se venderán como salvapatrias. De este otro nacionalismo también tenemos lacayos que dicen ser comunistas cuando son simples felones adictos a patrias y demás proyectos políticos burgueses. Nuestro deber también es señalar a estos falsos comunistas.

Los que nos queda claro es que la burguesía se siente cómoda mientras la política gire en torno al nacionalismo que se retroalimenta y no se trate el fondo la sociedad, las clases sociales y las luchas de estas. Porque esa es la realidad. Esto no es cuestión de unas supuestas patrias contra otras, de pueblos en lucha. Son la burguesía y la pequeña burguesía en su delirio parasitario. La clase trabajadora no tiene lugar entre aquellas clases que existen en base a su explotación, por muchos disfraces demócratas que quieran vestir. Su democracia es la dictadura para los trabajadores, lanzados a la precariedad y a la pauperización. Ningún estado ni democracia burguesa traerá la emancipación a la clase trabajadora. Sus patrias son sus mercados, sus beneficios, su explotación, nosotros tenemos nuestra fuerza de trabajo y la lucha por la emancipación de nuestra clase, el proletariado. Los militantes internacionalistas lo dijeron y lo seguimos diciendo, el obrero no tiene patria y su misión histórica es la revolución mundial que abra las puertas hacia el comunismo.

¡Ni patria ni patrón!

¡Por la revolución proletaria mundial!

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