El Terror es el Capitalismo

Como todos los años durante estos días, hemos visto proliferar los relatos de terror, las imágenes de monstruos o creaciones espeluznantes y todo tipo de arte y publicidad enfocadas a asustar. Como de costumbre, la ideología burguesa quiere impregnarnos con sus historias fantasmagóricas, con toda la inventiva de que es capaz. Pero ¿son realmente productos tan terroríficos?

El verdadero horror no existe en la ficción sino en la realidad, y no la noche del 31 de octubre sino durante todos los días y desde hace más de un siglo. Es algo que no debe buscarse para sentir el cosquilleo de la adrenalina, nos viene impuesto en el más mínimo detalle de nuestro entorno y de nuestra vida. Esa creación horrenda y nauseabunda se llama capitalismo, mercantilización, sociedad de clases, alienación, dominación, trabajo asalariado. Es ese sistema decadente y reaccionario que acaudilla nuestra sociedad el que ha sacado lo peor del ser humano, su cara más despiadada, cruel y sanguinaria; ha creado verdaderos monstruos, vampiros parásitos cuya única razón de vida es succionar la plusvalía del proletariado para la acumulación del capital, como el culto a un dios superior, arruinando con ello las vidas de millones de personas, ejecutando millares de asesinatos, aplastando a su paso su entorno natural, que es su base, contaminando los campos y las personas, deforestando los bosques, desecando los ríos, lagos y mares, descongelando los polos, desestabilizando los climas. Un sistema macabro basado en el beneficio, no en las necesidades humanas, donde desde el diseño de las casas y las ciudades donde vivimos hasta la producción cultural están al servicio de este beneficio, de la especulación, del dinero… Del capital.

Su opuesto, el fantasma que recorre las naciones de todo el mundo, según la metáfora de Marx y Engels, es el proletariado y su visión de sociedad y futuro. Para la burguesía es ésa la verdadera realidad espectral que tanto temen y contra la que movilizarán todas sus fuerzas con tal de impedir su movimiento, frenarlo, negarlo, aniquilarlo. Pero si unimos nuestras fuerzas materiales y las lecciones históricas del pasado, guardadas celosamente por el partido, nada podrá parar el curso lógico de la historia y del progreso.

¡Proletarios de todos los países, uníos, suprimid ejércitos, policías, producción de guerra, fronteras, trabajo asalariado!

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