Ante las luchas burguesas, ¡internacionalismo!

Hace apenas una semana que muchos de los que se reconocían como «comunistas», como supuestos internacionalistas, recordaban el asesinato de Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht de manos de la contrarrevolución. Pues apenas ha hecho falta una semana para que los falsificadores vuelvan a darle la espalda a la causa por la que murieron estos valientes militantes cruelmente asesinados, la causa del internacionalismo, la de la emancipación de los trabajadores de todo el mundo.

Y es que el pasado miércoles en Venezuela, el líder de la oposición y Presidente de la Asamblea Nacional (opositora a Maduro) se autoproclamaba en un mitin Presidente interino de Venezuela. Ya meses antes la oposición venezolana se volvía a organizar con la ayuda principalmente de Brasil y Colombia, por lo que se mostraba que la lucha por el poder en Venezuela iba a retomarse, como venimos analizando en Nuevo Curso. No se hizo esperar el apoyo al líder de la oposición por parte de EEUU y de los países alineados con los intereses capital brasileño. De parte de los falsos comunistas y autodenominados revolucionarios tampoco fue necesario esperar mucho para verles lanzarse a apoyar a Maduro y los suyos, facción burguesa que gobierna Venezuela. La justificación era al igual que simple, ridícula:

como el imperialismo estadounidense quiere atacar a Venezuela, debemos estar apoyando al Gobierno chavista.

Nuevamente relucía el argumento criminal del mal menor. Criminal porque este no es un inocente posicionamiento. Apoyar a la burguesía es apoyar su sistema criminal de explotación, de pobreza y de guerra. Fue esa la lucha de Rosa Luxemburgo, de Lenin y de todos los decididos militantes internacionalistas que luchaban contra los traidores socialistas que se habían lanzado a los brazos de la burguesía y su guerra. Porque fue el argumento del mal menor el que esgrimían los lacayos del capitalismo para legitimar la matanza de la Primera Guerra Imperialista y las guerras imperialistas que le siguieron.

El Imperio británico y la República Francesa eran un mal menor comparado con los Imperios Centrales, la pequeña Serbia había sido invadida por la cárcel de pueblos como era el Imperio Austríaco, Alemania se defendía de la invasión del reaccionario Imperio ruso

…y muchos más discursos lanzaron aquellos que bendecían la masacre de millones de trabajadores en frentes nauseabundos, paisajes horrendos de la decadencia capitalista.

En este caso el poder a defender es el del Gobierno chavista de Maduro. Se decía que el objetivo del imperialismo yankee era quedarse con el petróleo del «pueblo venezolano». Si es por la cuestión del petróleo, este ya está bien repartido entre otras potencias imperialistas, desde China hasta Brasil, solo hay que ver cuál es la explotación conjunta de la Faja Petrolifera del Orinoco. Los patriotas de banderas y pueblo solo conocen del capital nacional y de su supervivencia, les importa bien poco la clase trabajadora y la reconoce como clara enemiga a batir cuando esta dice basta a las mentiras que le ata al capitalismo. Pero claro, para los falsificadores y filisteos parece ser que EEUU es la única potencia imperialista o que el imperialismo va por grados. Como muy bien analizó Rosa Luxemburgo, el imperialismo no se trata de una postura que la burguesía puede tomar o no en un determinado momento. El imperialismo es la necesidad de la burguesía de darle salida a su capital nacional, de llegar a otros mercados, de la supervivencia del capitalismo. Es por ello que todo Estado burgués se encuentra con la necesidad del imperialismo si quiere poder mantenerse como clase explotadora. Pero para algunos parece natural formar parte del tablero del macabro juego de la burguesía. Nosotros como internacionalistas decimos que no, que solo hay dos bandos en este mundo, el de los explotadores y el de los explotados, el de los burgueses y trabajadores, y nosotros estamos indudablemente con nuestra clase social, con los trabajadores de todo el mundo. Para nosotros no hay lugar a los falsos discursos de patria, soberanía nacional o defensa nacional. Como dijo Karl Liebknecht, «el enemigo está en casa», la burguesía es nuestra clara adversaria, sea chavista o de la oposición, se agite desde el Palacio de Miraflores o desde la Casa Blanca. Los decididos a ser policía de los explotadores claro que no lo entenderán, para ellos debe haber una forma justificada de ser lacayos de la clase explotadora. Es por ello que les recordamos al látigo y al patrón, con las palabras de Rosa Luxemburgo:

¡Estúpidos secuaces! Vuestro «orden» está construido sobre la arena. Mañana la revolución se levantará vibrante y anunciará con su fanfarria, para terror vuestro: ¡Yo fui, yo soy, y yo seré!

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